Hace tiempo que buscaba un espacio donde compartir reflexiones personales.
Últimamente vienen a mi cabeza muchas ideas a primera hora de la mañana. Algunas de ellas son demasiado personales para LinkedIn, demasiado reflexivas para Instagram y puede que demasiadas largas para X… así que después de posponerlo muchas veces, llegó la hora de empezar a escribir.
Hoy es 1 de septiembre de 2025.
Hace años mi lista de propósitos y mi «curso» comenzaban oficialmente tal día como hoy. Es lógico teniendo en cuenta que soy madre y docente. Pero este año, puede que debido a la coincidencia del principio de mes, principio de semana y temperaturas otoñales, la «masificación» de mails, post y demás publicaciones que invitan a hacer listas de propósitos, a publicar novedades y a quejarse de ese «final del verano» que suena tan dramático como sonaba en Verano Azul, me han quitado un poco las ganas.
Mi mes de septiembre este año tiene por objeto preparar un examen para una institución oficial de Inteligencia Artificial y, por ello, es un mes con mucho trabajo pero sin horarios estrictos. No hay clases ni formaciones hasta octubre, lo que me permite transicionar con más calma hacia la inevitable vuelta a la rutina.
Este verano ha sido distinto. Suelo aprovechar la calma que dan los meses de verano, puentes y festivos, sin clases para trabajar en lo que los americanos ahora llaman «side projects» y que yo toda la vida he llamado «mis cosas».
Soy autónoma. Me dedico al marketing, al ecommerce y, como actividad principal, a la formación para empresas en temas de IA y machine learning. Cuando hablo de «mis cosas» (perdón, mis «side projects») me refiero a escribir libros (he escrito dos en apenas un año), a preparar formaciones, conferencias o escribir.
Escribo para varios medios y tengo lo que podría casi considerarse una adición a escribir blogs.
Mi primer blog nació en 2009 con el mismo propósito que escribo este: vaciar la mente, escribir y disfrutar. No buscaba (ni busco) visibilidad, ni viralidad… («viralidad», qué palabra tan fea). Por supuesto que me gustaría que a alguien le sirviera de algo lo que escribo, o que, como pasó con alguno de mis otros blogs, inspiraran y ayudaran a otras personas, pero no es, ni con mucho, el fin que persigo.
Os decía que este verano fue algo distinto. Tuve clases y montañas de trabajo literalmente todo julio (literalmente es que terminé mi última clase presencial el 31 de julio a las 21 horas). En agosto me salió la oportunidad de viajar a China a hacer un curso de comunicación y aprender sobre la cultura, los avances y la historia de un país que me resulta fascinante y del que hablaré aquí muy a menudo.
A veces creo que soy rara. A veces no entiendo lo que hace la mayoría. A menudo presencio una tendencia que no me parece buena, ni siquiera lógica y siempre que puedo, aunque sienta que voy en dirección contraria, suelo seguir mi intuición. Lo que ocurre muchas veces (no siempre, pero bastante a menudo) es que con los años, la gente cambia de opinión y tiende a vender en redes sociales como algo nuevo lo que yo ya pensaba años atrás sintiéndome un bicho raro.
No creas que percibo lo de pensar distinto como una virtud. De hecho, aunque a veces me ha beneficiado ser pionera (con mi primer blog, con mi primer libro sobre IA), suelo pensar que voy a destiempo y ello, hace que lance productos y servicios que nadie compra pero que, años o meses después, cuando yo ya me he rendido, sean un éxito en manos de otra persona o empresa. Algunas veces he comentado ideas o amagado con lanzar proyectos que otras personas con muchos más medios que yo, han copiado y puesto en marcha.
Asumo bien las derrotas. Las derrotas y la frustración. Esa sí que es una de mis grandes virtudes. Así que suelo ser de las que suspiran (a veces resoplo más que suspirar), y deciden que quejarse no sirve de mucho, así que sigo adelante e intento no observar demasiado de cerca como esas ideas se convierten en negocios rentables mientras yo sigo haciendo malabares para llegar a fin de mes.
Soy una persona muy creativa.
Pese a que soy conocida por mis amigos por ser mi peor enemiga y nunca ver las cosas buenas que tengo, ya he dicho dos cosas buenas sobre mi. Es posible que esté madurando.
Soy creativa y desordenada. Me brotan cientos de ideas cuando me relajo y sobre todo cuando no tengo donde apuntarlas. Decía que soy creativa y desordenada. Lo de desordenada mentalmente lo acabo de demostrar. Hoy en día, la gente lo llama «pensamiento divergente» por esa manía de sentirse únicos y de ponerle un nombre que positivice cualquier debilidad. A mi me gusta ser como soy, aunque admito que me imposibilita ser buena madre y hace menos rentable mi trabajo porque empiezo proyectos, tengo ideas nuevas y fugaces que mueren cada día aplastadas por otras ideas que me parecen mejores. Quiero hacer muchas cosas. Llevo la positividad y el espíritu emprendedor en las venas, lo que a mis 51 años me mantiene joven.
Si tuviera que decir algo más sobre mi ahora que no me lee nadie es que soy insegura. Tremendamente insegura. Lo del famoso síndrome del impostor yo lo llevo al extremo.
A los 43 años empecé a correr por primera vez. En 5 años terminé 8 medias maratones y de vez en cuando me despertaba en mitad de la noche pensando que era un sueño, que no las había terminado. No sé si alguien se imagina lo que son 21 kilómetros sufriendo con 44 años… ¿cómo se me podía pasar por la cabeza que no había sucedido? Por suerte existían los registros oficiales, aunque a mi misma me sorprende escribir que los necesitaba para creerme lo que había logrado.
Es tal mi inseguridad que el año pasado, cuando no sé cómo decidí escribir un libro sobre Inteligencia Artificial, lo hice en secreto. Durante un mes me levanté temprano para escribir y nadie lo supo hasta que estaba impreso. Pensaba que si le pedía ayuda a alguien o se lo contaba, escucharía un «Bueno, no sé, eso es algo muy serio…» que sacaría a flote mi inseguridad y terminaría por decirme a mi misma «es verdad, un libro ¿tú?».
No pretendía escribir tanto hoy.
Pero me alegro de haberlo hecho. Me ayuda mucho escribir y por alguna razón que nunca he entendido, escribir en el ordenador me resulta más fácil que si escribo a mano un diario por ejemplo (ahora se llama journaling está claro que me hago mayor).