En algún momento me he perdido qué tiene que ver ser profesor con hacer publicidad de un curso o formación, incluso de la escuela en la que lo impartes.
Soy consciente de que dedicándome a la formación en IA, podía llegar más lejos, y ganar mucho más dinero si grabara vídeos en redes sociales. Pero no puedo. No me gusta. No se me da bien. Punto.
Sin embargo, cuando imparto una formación, del tipo que sea, tengo asumido que cualquier alumno te puede grabar y subir a redes sociales sin pedir permiso. Es algo incontrolable y que sería muy incómodo prohibir, así que terminas por tolerarlo.
Pero además de lo que puede ser un gesto espontáneo, me encuentro muy a menudo con que en las formaciones en escuelas de negocios, masters o formaciones ad hoc, cada vez se exige más que grabes contenido para sus redes sociales, o que compartas la información, para promocionar el máster y para captar clientes o alumnos.
Tú, por ser agradable, intentas esquivarlo pero acabas haciéndolo. Es el típico compromiso que, lejos de ser bien intencionado, saben perfectamente que les va a salir rentable. RENTABLE. Lo mismo que sería que tú hicieras eso para tus propios cursos, pero no lo haces. Y, una vez más, te das cuenta de que estás regalando tu tiempo, tu trabajo y tu dinero.
¿En qué momento se asumió que todos queremos salir en redes sociales? ¿En qué momento un profesor tiene que admitir eso? ¿Dónde está escrito que un profesor no puede ser tímido, inseguro, o simplemente no querer salir en redes sociales?
Cada uno tenemos nuestras preferencias, nuestra forma de ser y gestionamos nuestra privacidad como queremos. Y eso es completamente independiente con ser el mejor profesor del mundo.