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De la cercanía y sus peligros

Publicada el septiembre 2, 2025septiembre 5, 2025 por admin

Hace unos días me encontré con un texto que alguien compartió en stories que me dejó pensativa.

Era parte de un artículo de José Peláez en ABC y decía así «Cuántas personas han quedado en el olvido, cuántas historias a la mitad, qué largo fue el mundo antes del 3G. Ese día murió el misterio, las formas deformadas en lad memoria, la belleza, la interpretación del personaje que te toca ser cada día, en cada viaje, antes de cada nebulosa.

La sobreexposición y la cercanía nos han matado. Los mitos crecen en la distancia, en la cercanía solo crece la realidad, que es una de las posibilidades que la ficción nos brinda. Por eso hay que escribir, para volver a mirar a lo lejos. La miopía no nos deja ver de cerca nada. Ni siquiera la vida.«

Admito que no leí el artículo completo porque era de pago, pero bastó este fragmento que alguien compartió para enamorarme de la idea o, al menos, de mi interpretación de la misma.

Soy una persona que suele ser muy empática y muy cercana.

Muchos de mis amigos, alumnos y personas que he ido conociendo desde hace años, coinciden en que es una de mis virtudes. Soy «muy normal», «muy humana», eso dicen siempre de mi.

No entiendo ser de otra forma y creo que ello a veces supone una llave invisible que me permite conectar con la gente. Me hace mejor profesora tratar de entender al alumno, respetar su tiempo y tener por único objetivo que aprenda y si puede ser, con menos esfuerzo y de una forma más agradable. Me hace mejor madre, mejor vecina y creo que mejor profesional.

También creo que soy una persona buena. Siempre he creído en la amabilidad y en la bondad como las mejores virtudes que puede tener un ser humano, y por ello, no me da vergüenza decir que creo que soy buena. Al fin y al cabo, siempre he perseguido llegar a serlo y aunque uno no lo puedo saber, tantos años de esfuerzo me habrán convertido, digo yo, en algo parecido a una buena persona.

Pero al leer este texto, vinieron a mi pensamientos inconexos que he ido coleccionando y guardando en mi cabeza desde hace años y que tienen que ver con que, en el terreno profesional, eso no siempre es una ventaja. Incluso puede llegar a ser todo lo contrario.

No voy a caer en tópicos que defiendan la bondad frente a un mundo que no la valora. Al fin y al cabo, no es algo que yo pueda elegir cada día cuando me visto. En realidad, es que no sé ser de otra forma. Pero son muchos los años que llevo observando cómo el ser humano tiende a percibirla, tal vez de forma inconsciente, como una debilidad.

Suelo ser esa amiga a la que todos preguntan por la última herramienta de inteligencia artificial. Con la que todos quieren pasar una tarde y tomar un café preguntando y aprendiendo. Incluso recibo mensajes de personas que no conozco que, a través de las redes sociales, me piden un ratito de mi tiempo para que les de mi opinión sobre algo. Pero mientras tanto, todos ellos apuestan por los cursos de otros, por las newsletters de otros… siento que a veces, incluso la gente que me quiere y que cree que soy una gran profesional, ve como la amabilidad o la bondad, o tal vez esa cercanía de la que hablaba el artículo, descafeína un poco mi trabajo.

La naturalidad, la cercanía y la falta de misterio te pueden hacer menos atractiva, menos misteriosa. Ello, que no me importa en absoluto en el plano personal, puede que me esté perjudicando en el laboral. No hay nada mejor para triunfar que mantener la distancia, creo. Lo vemos cada día.

A todos les gusta que alguien de la realeza se salte el protocolo, a todos les gusta que una gran estrella de Hollywood se aparte de la alfombra roja y se acerque a saludar a los fans. Personajes como el de Risto Mejide (no hablo de la persona, sino de su personaje en aquel programa en el que la gente cantaba) crean admiración. Las influencers más admiradas por los jóvenes son a veces las menos cercanas.

La figura del gurú (entiéndase «gurú» por cualquier divulgador que habla con tono serio y cierta altivez) que pretende asegurar su alto nivel de conocimiento (real o no) a través de un semblante serio o menos cercano.

¿Puede que admiremos la cercanía de la gente distante, pero no tanto a la gente cercana? Sería paradójico, pero puede que sea así.

No tengo respuesta. Tampoco sé si la necesito.

De momento es una simple reflexión.

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